Cuando eres niña o niño, no importa el género, la vida simplemente no existe, es despertar sin la más mínima preocupación de nada!!!, no piensas en mañana o dentro de unos días meses o años, simplemente la palabra vida, no está en nuestro diccionario.
Solo es despertar al nuevo día, alimentarte y jugar, eso de ir al colegio no esta en los planes personales, entonces los días son enormes, aún así, no alcanzan!!
Era esperar a que llegara Nicolás, ...............Nicolás el hombre de confianza de mis abuelos y mi madre, el hombre que hizo las veces de un abuelo, (Ah! Nicolás, recordarte es vivir nuevamente un cúmulo enorme de emociones, que amenazan romper mi corazón), Cuando nos levantábamos, por temprano que fuera, el ya había cumplido con parte de su labor, ir a raspar los magueyes, caminaba por las veredas bordeadas de magueyes y árboles de tejocotes, jaras y tepozanes, para recolectar el aguamiel que se transformaría en fermentada bebida con olor fuerte, de color blanco como leche y espumosa, al llegar al punto de fermentación precisa para beber. Traer el acocote el raspador, y el aguamiel en un cántaro y en un jarro de barro, imágenes ,recuerdos maravillosos.
En el pasillo, donde estaba la escalera de acceso al tapanco, había un área donde estaban unas castañas de barro que contenían el pulque o aguamiel fermentando, tapadas con una tela delgadita, a un lado, colgado un cedazo, con él, Nicolás colaba el aguamiel, sobre el pulque que había en las castañas, quedaba un olor a verdor, a dulce, que impregnaba el lugar, sobre las castañas, había unas maderas a modo de alacenas, había botellas con miel de abeja, ya cristalizada, chocolate, jarros de barro con crema de vaca, quesos, y jocoque, botellas con anís y mosquito de Toluca, latas con manteca de cerdo, lonchas de tocino, y longanizas, las fusiones de olores eran un reto a la imaginación y a mi estomaguito.
Después de almorzar, Nicolás traía los caballos para ensillarlos y/o prepararlos para cargar los costales de maíz de las cosechas, se iban a las parcelas, para cosechar, a la casa no había acceso para que llegara un vehículo de motor, toda la cosecha se acarreaba a lomo de caballos o burros, había suficientes peones y animales para esa tarea, las mujeres de los peones les llevaban de comer al campo, recuerdo una de las veces que fui con alguien de ellos, era fascinante viajar a caballo, en burro no, un día me tiro uno y ay! como duelen esos golpes, prefería un caballo, llegamos con la comida, a las parcelas todos los peones salieron de entre los surcos, se sentaron a orillas de la parcela y a comer se ha dicho!.
Con tiempo habían hecho una fogata con boñigas, aunque las tortillas estaba calientes, había quienes las preferían mas calientes o tostaditas, yo comí con ellos, tortillas calentadas con boñigas, solo les sacudían la ceniza a las tortillas y hacían tacos o comían de sus platos, yo quería un taco de "cuñadas" un quelite delicioso que se da solo entre las milpas cuando el maíz esta a punto de ser cosechado, ponían "cuñadas" en la tortilla con sal de "grano" y queso, con trabajos mis dos manitas podían agarrar el taco que me hicieron, y a la hora que quise beber algo, zas! había solo pulque, la bebida por excelencia de los peones, Claro! yo quería pulque, pero nadie me dio, era la niña, y debían cuidarme de esos "excesos", alguien fue a casa en un caballo a traer atole para mi, es un día de los muchos especiales que tengo en mente.
Nicolás hablaba un poco el Español y dos dialectos, otomí y Mazahua, me gastaba los cuadernos tratando de aprender a escribir y hablar, aunque fuera un poco de alguno de sus dialectos, me arrobaba verlo y escucharlo hablar así, pero nada, solo aprendí alguna que otra mala palabra, el me decía en otomí: Natz ´ala Datz´indi´Ya j´andé: "Niña bonita, cuanto te quiero yo".
Crecer implicó tener responsabilidades propias de cada etapa, ir por agua al manantial de la barranca, por la leche en casa de don Pedro o Chencho, su hijo, cortábamos una pajilla del trigo, y chupábamos en los cantaritos en donde llevábamos la leche. cuando no se hacía queso en casa, lo llevábamos de doña Cayetana.
El queso en casa, se preparaba de manera artesanal, antes de ponerlos en los aros, que eran los moldes para hacerlos de diferentes medidas se molía la "cuajada". (La cuajada es la parte caseosa y crasa de la leche, que por la acción del calor o de un cuajo se separa, formando una masa propia para hacer queso o requesón). Se supone que yo andaba por todos lados de la casa, (Tenía aproximadamente dos años y medio), entonces me encantaba estar junto al metate, eso me cuentan, cuando alguna de las mujeres de los peones o mi abuela molían el queso, debí comer tal cantidad "de cuajada" que enferme tanto que casi me cuesta la vida.
El abuelo Merced, mi abuelo materno, el hombre que en muchos aspectos fue mi guía, mi ejemplo, y ese ser que de alguna manera lleno el vacío que un padre dejo, el hombre que sin tener porque, y porque no sabía como, no era el mas amoroso, y como serlo si lo único que recibió de niño, fue desprecio odio y malos tratos, si, porque vivió al margen de dos matrimonios de su madre, uno anterior, del cual tuvo hermanos mayores y que en los albores de 1900 no era aceptado que una mujer tuviera un hijo de un hombre casado, y otro matrimonio con hijos que tampoco eran del todo sus hermanos, aunque el los quisiera a todos por igual.
A casa iba el tío Jesús, hermano del abuelo, los abuelos tenían una pequeña tienda en la casa, en las noches mientras mi abuela nos daba de merendar, el abuelo y su hermano, se ponían a jugar a las cartas, a veces, el tío Jesús me sentaba en una de sus piernas y me hacia cantarle una canción (La bala pele) La bala perdida, a cambio de una moneda, (e invariablemente me cantaba una canción, recuerdo que decía: Oyes Lupita, dicen que ya no me quieres, será por los cuentos que te han venido a contar. Me encantaba verlo cantarme)
Lo recuerdo relativamente joven, bien parecido, montaba a caballo Era muy niña, pero siempre tenia las orejas puestas, y me enteraba de cosas que los adultos querían ocultar a los niños, así dictaban las buenas costumbres. Los niños no debían involucrarse en asuntos de adultos.
Hacía unos años que en una trifulca, entre los ejidatarios y los dueños de los ranchos, al tío Jesús le dieron un golpe en la cabeza con una hacha, le abrieron el cráneo, la tía Angelina, hermana de Jesús, se encargo de su recuperación, le tuvieron que poner al tío una placa de platino en la cabeza, desde entonces su vida no fue igual, en todos los ámbitos de la vida, la suya cambio radicalmente, tenia prohibido montar a caballo, correr, caminar muy rápido, amén de hacer su vida en pareja. Lo que provocaba que su vida familiar fuera una constante discusión, desilusión y fracaso como hombre, padre y esposo. Un día, alguien llego a casa con la noticia: El tío Jesús se había quitado la vida. No soportó llevar un remedo de vida.
Será que los amores trágicos son karmas? que pasan de generación en generación?, maldiciones tal vez?
Mis bisabuelas, ambas se llamaban Juanas, La madre de mi abuelo era Juana (Carmona), a secas, la madre de mi Abuela, era mamá Juana (Sánchez), En las últimas décadas de 1800 La bisabuela Juana Carmona y su primo hermano, Hipólito Carmona, se enamoraron Huyendo de su pueblo natal (Carmona), para casarse en otra comunidad. Toda vez que las familias de ambos, preferían verlos o saberlos muertos antes de aceptar la enorme deshonra y la maldición que pesaría en ellos, por tener una relación incestuosa.
De esta unión nacieron; Ramón, Petra, Raymundo, Silvestre y Felipa. Hubo otro hijo que no sobrevivió.
El tío R..., el hijo mayor de mis bisabuelos maternos, vivía cerca de la casa, colindando con el patio donde jugábamos de niños en la casa de mamá mashi, un hombre delgado, alto, desde que lo recuerdo, con el pelo muy canoso, un hombre con mucho carácter, de voz profunda y mirada de águila, un hombre .........................................que indirectamente y a veces con toda la alevosía, marco para siempre la vida de sus padres, hermanos, y mis abuelos.
Mi tía abuela Petra, murió relativamente joven, al dar a luz a su única hija, Emma.
Raymundo, mi verdadero abuelo, el padre de mi madre, y esposo de mi abuela Mashi. Una historia por demás maravillosa y triste, que merece una mención especial, y así será.
Silvestre!, un jovencito que tuvo una muerte demasiado prematura. Y a manos de su hermano mayor. Este niño cuidaba los animales de la casa, vacas, borregos, toros, los animales abrevaban generalmente en los pantanos del rancho Petigá, un fatídico día, Silvestre llevo a pastar a los animales a otra área del rancho, lejos de los pantanos, y de camino a casa, los animales corrieron hacia la represa de un señor que no permitía que ningún animal ajeno a los suyos, abrevara en su propiedad, el jovencito no pudo evitar que los sedientos animales llegaran al bordo antes que el. Con los animales bebiendo agua, fue poco menos que imposible sacarlos de ahí, el dueño del abrevadero, sumamente molesto, amenazo al niño con acusarlo con su hermano mayor, y así fue, el hombre llego a donde el hermano mayor jugaba cartas y bebía pulque, un tanto ebrio y muy molesto, recibió la queja y sin más, monto su caballo y hecho a correr hacia donde Silvestre batallaba para arrear los animales a su casa.
Llego Ramón, y comenzó a azotar a Silvestre, el chico corrió camino arriba, tratando de llegar a su casa para que su madre lo defendiera, pero el iba corriendo a pié, y su hermano a caballo, cansado, espantado, y golpeado, gritando a su madre, el niño trato de entrar a su casa, salió la madre y por más súplicas y gritos que le dio a su hijo mayor, éste no dejó de golpearlo, hasta que se canso, la madre ayudo a su hijito a levantarse, curo sus heridas, pero nunca mejoró, días después, Silvestre murió..........................................