lunes, 15 de julio de 2013

 
 
 
Nunca dije a nadie sobre haber visto a la cigüeña, me dio miedo, hasta mas grande, y aún lo podía jurar.
Claro, me enteré que no era ningún pajarraco, era doña Lucina, la matrona, vivía en un lugar llamado El Rincón.
Ella ayudo a mi madre en el parto al nacer mi hermanita, Ya tenía dos hermanos, Paco y Edith, y claro, también estaba, Araceli, mi prima con quien crecimos, hija de mi tía Imelda, la hermana mas chica de mi madre, mi tía dejo a su niña al cuidado de mis abuelos, se caso con un chico de la Cd, de México, hizo su vida y mis abuelos registraron como hija a su nieta. Paco y Aracely, eran aproximadamente de la misma edad, más chicos que yo, hacían la mancuerna perfecta para jugar, la pareja ideal, jugaban a la comidita, y la casita, mamá Mashi, le pidió a su padre, el Bisabuelo Juan, que hiciera una palapa, en el patio trasero de la casa, para que jugáramos y no molestáramos a los mayores, había mucho trabajo en casa, las cosechas, los animales, los caballos, todos los arreos de los caballos, se sembraba en las laderas de los cerros, los arados eran especiales, de madera, a diferencia de los arados de fierro que eran para otro  tipo de terreno.
 
Al patio trasero se le llamaba el respaldo, toda vez que el sol daba de lleno en las tarde, y se conservaba calientito el lugar, ahí era el lugar de juegos de Paco y Cheli, era la parejita a quienes les decían "Pedrito y Cayetana", como los viejecitos que vivían por las barrancas.
Teníamos  muñecos, trastes, y todo lo necesario para no salir de ahí en horas, nos llevaban comida para que jugáramos a las comiditas, pero..............a mi no me gustaba jugar así, yo no encajaba, no tenía pareja, entonces me iba de ahí, me subía en un árbol, un tepozán que había cerca del pozo de la basura, cosa que me prohibieron mas rápido que veloz, porque era muy peligroso que estuviera ahí, no se como fui a dar con Don Mashi, el carpintero que siempre estaba ahí, en casa, trabajando en un tronco de madera, así lo veía yo, un tronco de madera, del cual sacaba con una garlopa, "chinitos" de madera, y ahí me pasaba mucho rato, jugando con sus herramientas, creo que le daba muchas molestias, un día me subió en el extremo del madero, y comenzó a enseñarme La Guadalupana, de cabo a rabo, TODA, Cuando la aprendí, se lo dije a mi madre y abuela, grave error, cada vez que había una visita en casa, yo era el centro de atención, me hacían cantarla TODA.
 
Así cada día, Paco y Cheli jugando y yo descubriendo cosas nuevas, extraordinarias, de suerte que nunca me descubrieron y el carpintero era mi cómplice, un día descubrí el tesoro mas valioso que podría imaginarme, no tenia con quien jugar, era muy curiosa, inquieta o metiche, no se, tal vez todo eso y más.
Había un pasillo para subir al tapanco de una área de la casa, se subía por una escalerita bien delgadita, era un tronco de árbol, apenas adaptada con escalones que le hicieron sacándole  al tronco trocitos de madera, justo para que cupiera la mitad de un pie, así se subían a guardar el maíz y todo lo necesario al terrado, o tapanco, yo me subía, con riesgo de resbalar y caerme, había de levantar una tapa de madera, que tenia unas armellas, yo no podía abrir esa tapa, tenia que esperar que alguien la abriera y así la dejara, yo aprovechaba a subir, y por Dios, que susto para bajar, no veía el primer escalón, tenia que adivinar y buscar con el pie, o poner poco a poco el piecito, hasta encontrar el primer hueco de la escalera, toda una aventura, pero eso no me detenía, un día subí, y camine todo el tapanco, hasta llegar a un tapanco de un cuarto mas pequeño, ahí había algo increíble, dos velices, de lámina pintados de florecitas diminutas, me latía el corazón de la ansiedad por abrirlos, y el miedo de que me descubrieran, ¡¡segura tunda!!.
Abrí un veliz y mi corazón brincaba de alegría, entre muchas cosas, había unas hojas de papel amarillento por el tiempo, unos frasquitos cuadrados con un líquido de diferentes colores, azul morado, verde, sepia, rojo y una especie de lápices raros, como pude, baje todo eso y lo lleve a Don Mashi, pobre hombre, casi se desmaya, ¡cómo me había atrevido a tomar eso que quien sabe de quien era!, iba a llevarme con mis abuelos o con mi madre!! con todo y la prueba de mi delito, y lloré, le dije que me iban a pegar, que ya no lo volvería a hacer, que iba a dejar todo en su lugar, ¡mentira mas grande!, nunca lo hice, no lo cumplí, no podía hacerlo, antes bien, no se como lo convencí para que me enseñara a usar los palitos y los líquidos esos, eran frasquitos con tinta china, y los palitos, eran Manguillos, en la punta tenían una laminita donde escurría la tinta, a la mitad, los manguillos tenían una palanquita, con la cual se jalaba la tinta, para poder escribir, mis primeros trazos de caligrafía, me los enseño Don Mashi, también encontré una revista viejita, de Selecciones, Don Mashi me enseño a leer un poco, cuanto tiempo convivía con el? no lo se, solo se me hizo la costumbre mas arraigada correr hasta donde el trabajaba, pero antes de entrar a donde el trabajaba, me metía al pajar, a darme una revolcada en la paja, no importaba que los caballos estuvieran comiendo en el pesebre, y las trenzas se me llenaran de paja.
 
Un día, la última vez que jugué con ellos, "hicimos" la comidita, después de comer, nos fuimos a jugar entre unas matas de toronjil, que rico olor, había unas matas de alcatraces y unos arbolitos de duraznos, era un lugar bello, todo el lugar era lindo, hacían una camita, jugamos a que era la hora de dormir, como era una parejita, necesitaban una hijita, y los muñecos pasaron a segundo término, yo hice de hijita, nos acostamos y Cheli, me dio teta, ¡si!, se levanto el vestidito y me dio teta, recuerdo que........Le puse la piel tan roja, tan roja, casi morada, me dio tanto susto, que me fui corriendo de ahí, y nunca más volví a jugar a las comiditas, ni con ellos ni con nadie más.
 
No tener con quien jugar, me ayudo a aprender muchas cosas, tendría aproximadamente 5 o 6 años, aprendí a leer, a escribir antes de ir a la escuela, pero también trate de aprender cosas de "mucho mundo",  de mayores, mi madre fumaba de vez en cuando, a veces a mi me pedía que le llevara sus cigarrillos, siempre los tenía en una cómoda del comedor, una tarde, me pidió que le llevara sus cigarros y los cerillos, prendió su cigarro y me mando a guardarlos, me metí un cigarrillo en la bolsa del vestido y los cerillos, pase junto a ella, estaba sentada en el patio de la casa, Que cinismo el mío, había robado un cigarro, y todavía la retaba a descubrirme, pero no ella no lo imaginó.
Me fui un poco retirada de la casa, lo suficiente para poder ver el zaguán, por si alguien salía, con todo el estilo que la ocasión requería, me senté sobre una piedra grande, cruce las piernas, puse el cigarrillo entre mis deditos, y prendí el cerillo, con la mayor elegancia lo lleve a mi boca, jalé tan fuerte el humo del cigarrillo que todo me dio vueltas y se me puso oscuro, me desmaye, no supe que tiempo dure ahí, cuando "desperté" estaba tirada al lado de la piedra, con las uñas con tierra y el vestido revolcado de tierra, seguramente en mis ansias de respirar y no poder, arañe la tierra, solo me levante, me sacudí un poco la tierra húmeda que tenia, y me fui asustada a sentarme al lado de mi madre, estaba mareada, y con una sensación de culpa terrible.............. 
 
 
 

















3 comentarios:

  1. No habia encontrado a alguien con tanta sensibilidad en su escritura,en su ideologia, en su naturaleza para escribir, es admirable! espero seguir entrando a este blog y continuar la buena lectura, el buen gusto, la narrativa del alma, del interior al exterior, felicidades, es en verdad no solo un lugar de magia, sino un lugar Magico!!

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  2. jajaja eres increíble, esas dos anécdotas de tu niñez no las sabía, seguramente fueron dos grandes experiencias.

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