sábado, 3 de noviembre de 2018









                                              MI LUGAR DE MAGIA………………………….

“Como describir mi alucinante vida, mi vida infantil, lo que ha significado mi vida”

Volví un dia a la casa de mis abuelos, a la casa donde de tiempo en tiempo crecí, era una tarde de lluvia, me senté a la orilla del camino, busque el ruido de las golondrinas volando bajo la lluvia…, las imaginé haciendo sus nidos en las viejas vigas en el corredor, con sus polluelos hambrientos y ruidosos cuando la mamá golondrina se posaba al filo del nido con alguna lombriz….mis ojos se abrieron, no había golondrinas…, También se habían marchado, también habían dicho adiós. Ya no había con quien compartir las vigas del corredor, no había niños, no había flores ni macetas en el pretil del corredor.
No había bullicio de niños, de gente dándole calor a las paredes de la casa. 
Comenzó a llover, me acerque bajo el techo de tejas que daba al camino real, El otrora camino real que tanta gente vio venir, la lluvia hacía hilos de agua que colgaban de las tejas, al estrellarse en el piso, formaban coronitas diminutas, gotitas brillantes que salpicaban mis pies.
De pronto, sin darme cuenta, comencé a caminar por el viejo pasillo detrás de la casa. El olor a la rosa silvestre que estaba en la cerca de piedras me hizo evocar el calor de un hogar, de una familia tan lejana, tan amada, tan presente. Evocar un mundo tan mío, tan solamente mío., al que no regresaría nunca…… ¡Nunca!
Y estaba ahí, ¡Mujer!, Nieta, Hija, Hermana!, Contemplando una vez mas esta casa, mi casa, la casa que formaba parte de mi vida, la tenía metida muy hondo, muy dentro de mí, aprisionada en mis recuerdos. No nací aquí, pero aquí crecí…, Jugué…reí…y también lloré…. La casas también se enferman y mueren, y esta casa esta muerta, también está  muerta.
Cierro los ojos y tengo un deseo apremiante de entrar en ella, y un silencio lastimero me hace reaccionar, ya no llueve, el olor a tierra y a yerba mojada empieza a invadirlo todo, sigo caminando despacito, como si fuera a despertar los recuerdos, todo es silencio, llego al “respaldo” camino hasta la puerta trasera de la casa, me siento en la piedra que hace las veces de un escalón. ¡El pasado no vuelve jamás!
Cierro los ojos y penetro en mi pasado, en mis recuerdos, ¡en los recuerdos de mis abuelos y mi madre! Una necia obstinación por revivir lo que se fue, el dulce refugio de una niñez tan lejana que se hace borrosa en el tiempo.
Cuando eres niña o niño, no importa el género, la vida simplemente no existe, ¡¡¡es despertar sin la más mínima preocupación de nada!!!, no piensas en mañana o dentro de unos días meses o años, simplemente la palabra vida no está en nuestro diccionario.
Sólo es despertar al nuevo día, alimentarte y jugar, eso de ir al colegio no está en los planes personales, entonces los días con enormes, aun así, ¡¡¡¡no alcanzan!!!!
¡Era abrir los ojos y quedarse escuchando los ruidos del trajín en la casa, los olores! Mamá Mashi en la cocina, mi madre barriendo el patio, las gallinas alborotadas queriendo salir del gallinero y otra vez, los olores a fresco a atole de masa, a tortillas recién hechas, así huele la vida, así huele la felicidad.
¡¡¡Levántate Lupeeee!!! Pegaba un brinco, el segundo grito era en la puerta de nuestro cuarto, nos levantábamos todos, nos vestíamos atropellados, antes de salir nos hincábamos al pie de la casa, nos persignábamos y poníamos una señal de la cruz con agua bendita que siempre había en el buró de mi abuela.
Corríamos a lavarnos cara y manos y a la cocina, nos servían humeantes jarritos de barro con atole de masa, o champurrado, mientras esperábamos que entrara el abuelo, y Nicolás……., Nicolás, el hombre de confianza de mis abuelos y mi madre, el hombre que hizo las veces de un abuelo, (Ah! Nicolás, recordarte es vivir nuevamente un cúmulo enorme de emociones, que amenazan romper mi corazón), cuando nos levantábamos, por temprano que fuera, él ya había cumplido con parte de su labor, ir a raspar los magueyes, caminaba por las veredas bordeadas de magueyes y árboles de tejocotes, jaras y tepozanes, para recolectar el aguamiel que se transformaría en fermentada y espumosa bebida con olor fuerte, delicioso, de color blanco como leche, traer el acocote, el raspador y el aguamiel en un cántaro y un jarro de barro, en el pasillo de acceso al tapanco, había un área donde estaban unas castañas de barro que contenían el pulque o aguamiel fermentando, tapadas con una tela delgadita y muy blanca, a un lado, colgado el cedazo, con él, Nicolás colaba el aguamiel, sobre el pulque que había en las castañas, quedaba un olor a verdor, a dulce, que impregnaba todo el lugar, sobre las castañas había unas maderas a modo de alacenas, había botellas con miel de abeja, ya cristalizada, chocolate, jarros de barro con crema de vaca, quesos y jocoque, botellas de anís y mosquito de Toluca, latas con manteca de cerdo, lonchas de tocino, y longanizas, las fusiones de olores eran un reto a la imaginación y a mi estomaguito.
Después de almorzar, Nicolás traía los caballos para ensillarlos y preparar los para cargar los costales de maíz de las cosechas, se iban a las parcela, para cosechar, a la casa no había acceso para que llegara un vehículo de motor, toda la cosecha se acarreaba a lomo de caballos o burros, había suficientes peones y animales para esa tarea, las mujeres de los peones les llevaban de comer al campo, canastones o “chiquihuites” con tortillas recién hechas, dobladitas embarradas con salsa de  molcajete, frijoles, papas hervidas, huevos hervidos, lo que fuera, pero siempre un jarro de pulque,  una vez me fui con una de ellas, era fascinante  viajar a caballo, llegamos a la parcela con la comida, todos los peones salieron de entre los surcos, se sentaron a orillas de la parcela y a comer se ha dicho!
Con tiempo habían hecho una fogata con boñigas, aunque las tortillas están calientes, había quienes las preferían más calientes o tostaditas, comí con ellos, una tortilla calentadas en boñigas, sólo les sacudían la ceniza a las tortillas y hacían tacos o comían de sus platos, yo quería un taco de “cuñadas” un quelite delicioso que crece entre los surcos en la milpa, llenaron mi tortilla con los quelites, queso y sal,  los granitos de sal tronaban entre mis dientes, mezclada con el sabor de las cuñadas y una tortilla recalentada, era un manjar que no podía darme el lujo de comer seguido. A duras penas mis pequeñas manitas podían agarrar el taco que me hicieron, cuando quise beber algo, no había nada, solo pulque, ¡claro!, yo quería pulque, per nadie me dio, era muy niña, debían cuidarme de esos “excesos”, alguien se monto en un caballo y fue a casa por atole para mi.
Las cargas de maíz de diferentes colores se tiraban en el patio de la casa, mazorcas azules, de un azul tan intenso que parecían negras, rojas, amarillas, blancas, pintas..
Nicolás hablaba un poco el Español, “Castellano” decía él, y dos idiomas, o dialectos, Otomí y Mazahua, me gastaba los cuadernos tratando de aprender a escribir y hablar, aunque fuera un poco de alguno de sus dialectos, me arrobaba verlo y escucharlo hablar asi, pero nada, solo aprendía alguna que otra mala palabra, el me decía en otomí. Natz´ala Datz´indi ya j´andé” “Niña bonita, cuanto te quiero yo.
Crecer implicó tener responsabilidades propias de cada etapa, ir por agua al mantial de la barranca, por la leche a casa de Don Pedro o Chencho, su hijo, cortábamos una pajilla de un tipo de pasto que estaba hueco, y chupábamos de los cantaritos en los que llevábamos la leche, cuando no se elaboraba el queso en casa, lo llevábamos de la casa de Dona Cayetana, Esposa de Don Pedro.
En casa el queso se preparaba de manera artesanal, en el metate se molía la “cuajada”, (la cuajada es la parte caseosa y crasa de la leche, que por la acción del calor o de un cuajo se separa, formado una masa propia para hacer el queso o requesón), antes de ponerla en unos aros, que eran los moldes para hacer los quesos de diferentes medidas. Se supone que yo andaba por todos lados en la casa,  , tenía aproximadamente dos años y medio, entonces me encantaba estar junto al metate, cuando mi abuela o algunas de las mujeres de los peones molían la cuajada, debí comer tal cantidad “de cuajada” que enferme tanto, que casi me cuesta la vida, después de varios días en que me hicieron cuanto podían, mi madre decidió llevarme a Canalejas, un pueblo muy alejado, para que me curaran de empacho.

El Abuelo Merced, mi abuelo materno, el único que conocí, el hombre que en muchos aspectos fue mi guía, mi ejemplo, ese ser que de alguna manera llenó el vacío que un padre dejo, el hombre que sin tener porque, y porque no sabía cómo, no era el mas amoroso, y como serlo si lo único que recibió de niño, fue desprecio, odio y malos tratos, si, porque vivió al margen de dos matrimonios de su madre, uno anterior, del cual tuvo hermanos mayores y que en los albores del año 1900 no era aceptado que una mujer tuviera un hijo de un hombre casado, y otro matrimonio con hijos que tampoco eran del todo sus hermanos, aunque él los quisiera a todos por igual. De joven sufrió la pobreza absoluta, andaba descalzo, tenía que ir por los animales de su madre al llano donde pastaban, trabajó mucho para poder comprarse unos huaraches, acarreaba el agua en a la espalda con una maroma, su madre escondía el Chiquihuite de las tortillas en una castaña, él no lo sabía, cuando llego con el agua, vació los odres de agua en la castaña y salió por mas agua, cuando volvió a casa, ya estaba un grave problema, no había tortillas para almorzar, no había tanto problema, tendieron el metate y molieron nixcometl para hacer tortillas, el problema, es que los que se quedaron a esperar, comieron muy tarde, el campo y los animales no esperaban.
A casa iba el tío Jesús, hermano del abuelo, los abuelos tenían una pequeña tienda en la casa, en las noches mientras mi abuela nos daba de merendar, el abuelo y su hermano, se ponía a jugar a las cartas, a veces el tío Jesús me sentaba en una de sus piernas y me hacía cantarle una canción “La bala pelele” a cambio de una moneda, e invariablemente me cantaba una canción, la recuerdo……Oyes Lupita, dicen que ya no me quieres, será por los cuentos que te han venido a contar….Me encantaba verlo cantarme.
Lo recuerdo relativamente joven, bien parecido, montaba a caballo, era muy niña, pero siempre tenía las orejas bien puestas, me enteraba de cosas que los abuelos querían ocultar a los niños, así dictaban las buenas costumbres, los niños no debían involucrarse en los asuntos de los adultos.
Hacía unos años que en una trifulca, entres los ejidatarios y los dueños de los ranchos, al tío Jesús le dieron un golpe en la cabeza con una hacha, le abrieron el cráneo, la tía Angelina, hermana de Jesús, se encargo de su recuperación, le tuvieron que poner al tío, una placa de platino en la cabeza, desde entonces, su vida no fue igual, en todos los aspectos de la vida, la suya cambió radicalmente, tenía prohibido montar a caballo, caminar muy rápido, amén de hacer su vida en pareja. Lo que provocaba que su vida familiar fuera una constante discusión, desilusión y fracaso como hombre, padre y esposo. Un día alguien llegó a casa con la noticia: El tío Jesús se había quitado la vida, No soportó llevar un remedo de vida.
¿Será que los amores trágicos son karmas? ¿Que pasan de generación en generación? ¿Maldiciones tal vez?

Mis bisabuelas, ambas se llamaban Juanas, La madre de mi abuelo era Juana (Carmona), a secas, la madre de mi abuela, era mamá Juana (Sánchez), en las últimas décadas de lo 1800, La bisabuela Juana Carmona y su primo hermano, Hipólito Carmona, se enamoraron, huyendo de su pueblo natal (Carmona), para casarse en otra comunidad. Dado que las familias de ambos, preferían verlos o saberlos muertos antes de aceptar la enorme deshonra y la maldición que pesaría en ellos, pro tener una relación incestuosa.
De esta unión, nacieron; Ramón, Petra, Raymundo, Silvestre y Felipa. Hubo otro niño que no sobrevivió.
El tío Ramón, el hijo mayor de mis bisabuelos maternos, vivía cerca de la casa, colindando con el patio donde jugábamos de niños en la casa de mamá Mashi, Mi abuela,  un hombre delgado, alto, desde que lo recuerdo, con el pelo muy canoso, un hombre con mucho carácter, e voz profunda y mirada de águila, un hombre…………….que  indirectamente y muchas veces con alevosía, marco para siempre la vida de sus padres, hermanos, mis abuelos y mucha gente.
Mi tía abuela, Petra murió relativamente joven, al dar a luz a su única hija, Emma.
Raymundo, mi verdadero abuelo, el padre de mi madre, y esposo de mi abuela Mashi. Una historia por demás maravillosa y triste, que merece una mención especial, y así será-
Silvestre!, un jovencito que tuvo una muerte demasiado prematura. Y a manos de su hermano mayor. Este niño cuidaba los animales de la casa, vacas, borregos, toros, los animares abrevaban generalmente en los pantanos del rancho Petigá, un fatídico día, Silvestre llevo a pastar a los animales a otra área del rancho, lejos de los pantanos, y de camino a casa, los animales corrieron hacia la represa de un señor que no permitía que ningún animal ajeno a los suyos, abrevaran en su propiedad, el jovencito no pudo evitar que los sedientos animales llegaran al bordo antes que él. Con los animales bebiendo agua, fue poco menos que imposible sacarlos de ahí, e cansado, espantado y golpeado, gritando a su madre, el niño trato de entrar a su casal dueño del abrevadero, sumamente molesto, amenazó al niño de acusarlo con su hermano mayor por el abuso que había cometido, y asi fue, el hombre llegó a donde el hermano mayor jugaba a las cartas y bebía pulque, un tanto ebrio y muy molesto, recibió la queja y sin más montó su caballo y echó a correr hacia donde Silvestre batallaba para arrear a los animales a su casa. Llegó Ramón, y comenzó a azotar a Silvestre, el chico corrió camino arriba, tratando de llegar a su casa para que madre lo defendiera, pero el iba corriendo a pie y su hermano a caballo, cansado, espantado y golpeado, gritando a su madre, el niño trató de entra a su casa, salió la madre, y por más suplicas y gritos que le dio a su hijo mayor, este no dejo de golpear a su hermano, hasta que se cansó, la madre ayudo a su hijito a levantarse, curó sus heridas, pero nunca mejoró, días después, Silvestre murió……………………………….


















Ignacio Sánchez, Abuelo de mamá Mashi, llegó allende el mar a mediados del siglo XIX,  aproximadamente en 1840, llegan Ignacio Sánchez y su esposa, con sus pequeños hijos, José, e Ignacio Sánchez.


Ana Marcelia Cuevas Sánchez.
Nació el día 07 de Junio de 1912 en Dongú, un barrio típico, pequeño, creció al lado de sus hermanos, Pilar, Matilde, Anastasia, Juan y José. Paso toda su niñez en Dongú, en el año que ella nació, hubo un evento que estremeció a gran parte del país, UN TEMBLOR. Y una pandemia mundial, LA GRIPA. 
En el tiempo de la gripa, el abuelo Ignacio, enviaba a sus arrieros a comprar algo que ayudó mucho a erradicar la gripa entre sus trabajdores y la gente que vivía en los alrededores..............................................

Mashi, una niña hermosa, de piel blanquísima,  ojos color aceituna, largas trenzas rubias de pelo chino. Educada con las más estrictas costumbres de inicio del siglo XX, asistió a la escuela para aprender a leer y escribir, costumbre de la “gente de razón” o de quienes podían dar ese privilegio a algunos de sus hijos.  En su educación intervinieron algunos de sus tíos, y tíos abuelos, algunos de ellos, sacerdotes.
  
Creció jugando en el curato de la Iglesia de su pueblo, a donde siempre la llevaba su tía Mariana, tía de su madre, mujer absolutamente Católica, casada con el tío Isaac, quienes no tuvieron hijos. Recibiendo en casa a todos los sobrinos que quisieran pasarse con ellos el tiempo que decidieran quedarse. Mashi creció conviviendo con el tío Ciro y Mateo, hermanos de su madre.
(1)-  Al temblor de 1912 le siguió la gripa, mucha gente murió, se cerraron muchas casas, se terminaron familias enteras, a la gente que moría no había quien la enterrara, ya no había gente, y quienes sobrevivieron no tenían que comer, llegó la hambruna, quien sembraba tierras? José Sánchez, el abuelo de Mashi, dueño del rancho de la Vega, había sido administrador de la hacienda de Arroyo Zarco, hombre de mucho poder y dinero, (no había mucha gente que conociera de números), poseedor de mucha tierra y ganados, había comprado a la hacienda la parte correspondiente al rancho de la vega y mucha mas tierra () había  procreado y educado a sus hijos a la usanza de finales del siglo XIX, descendientes de europeos, llegaron de Monterrey, se instalaron en San Andrés, y con ellos llego la fiebre de la explotación carbonera.
Era Cañada de Lobos, hermoso recodo del valle, bordado de frondosas amapolas de colores, hasta la Vega, la cañada montañosa de la sierra madre, bosques que anidaban señoriales aguilas, tigrillos, gatos montes, coyotes, zorros, mapaches, venados
Los enormes madroños, robles, áiles, albergaban las madrigueras de tantos animales, que fueron diezmados por la tala de árboles sin ningún control y con la complacencia de las autoridades. Tan grande era la cantidad de carbón que producían los extranjeros, que explotaron los bosques en esta arte del estado de México, que tuvieron que tender una red de ferroviaria, el tren llegó y con él , familias de otros lugares, de diferentes estratos sociales y económicos, unos para vivir temporalmente mientras se llevaban la riqueza del lugar, otros para quedarse, otros para dejar su cimiente y marcharse,  llegó el dinero y el poder. Pero también llegó el progreso en esta pequeña aldea. Hicieron la escuela para los niños de los trabajadores de los patios del carbón, y a ellas también asistían los hijos de los empresarios, fundaron un pequeño hospital, Había telégrafo y teléfono.
Mucho antes de que el gobierno expropiara las haciendas, José, deja de trabajar en la hacienda de Arroyo Zarco, y compra una gran extensión de terreno y ganado, borregos, caballos, vaca, toros, cerdos, etc. Y todo cuanto se podía tener en un rancho de mediados del siglo XIX, sembrando grandes extenciones de terreno de maíz, trigo, avena, cebada, y  las márgenes de la laguna de Huapango, prodigaban la humedad suficiente para sembrar habas, chicharos, y trigo la mayor parte del año.
Entre los pastizales que servían de forraje al ganado, y gracias a la migración llegaban a la región, patos salvajes, gallinas silvestres, gallaretas, faisanes, y codornices, una suerte de aves que se alimentaban de los charales y acociles que abundaban en la laguna, en tiempo de lluvias, abundaban las ranas y los ajolotes, que los nativos de la zona consumían, y fueron una delicia al paladar de los aventureros que se atrevieron a cazarlos con trampas hechas con “Liga” un camote que crece en el monte, y en el cual se pegaban los pájaros de esa manera no lastimaban su carne, los conejos, liebres y ardillas también eran presas deliciosas que competían con los campesinos para ver quien estrenaba los primeros elotes de las parcelas, los primeros frutos de la tierra. Eran tan abundantes las cosechas que todas las casas, por humildes que fueran, tenían una troje, un silo en el cual guardaban los granos de maíz, cebada y avena.
Los Cerdos, guajolotes y gallinas andaban sueltos por todos lados, no había cercas que delimitaran su andar, los animales de todos los vecinos se juntaban en el día para pastar, de noche, cada quien guardaba en sus gallineros los animales de su propiedad.  Con una pequeña laguna que estaba el final del predio del patio de la casa de los abuelos, en esa laguna vivían variedad de patos, garzas, había charales, carpas. En los pastizales iban a recoger huevos, llenaban las canastitas de huevos de patos, gallinas salvajes y codornices.
Cuando llegaban las primeras lluvias, los llanos se llenaban de hongos de llano “Champiñones” y serenas, un hongo muy parecido a las trufa
Recogían tantos que ya no los querían comer.
Su padre, el abuelo Juan, y su madre, mamá Juana......





lunes, 1 de septiembre de 2014

 
 
(5)
 
Mi tío abuelo.
El hijo mayor de mis bisabuelos,
que de niños nos infundio no solo miedo, terror, nos encerraban en casa, para estar protegidos de alguna bala perdida, o no escuchar cuanto decía estando ebrio. de suerte que, de principio solo íbamos a vacaciones al rancho de mis abuelos. Escucharlo maldecir, montado en su caballo "tordo" no respetaba a nadie, nada, se caía y levantaba del caballo, su hijo lo levantaba y de alguna manera, se maldecía a la par de su hijo Hipólito, ninguno de los dos conoció un mínimo de respeto, y como! Su hijo vivió, de niño, lo que marcaría su historia y la de sus descendientes.
 
Mi tío abuelo: En su muy temprana juventud, por el hecho de haberle faltado el respeto a su padre y madre, fue maldecido por su padre! De joven, ayudaba a su padre a vender barbacoa de borrego, o carne de res, que llevaban a caballo a Atlacomulco, se iban por los caminos del monte, que iban a dar a una ranchería, El Rincón, de ahí seguían entre los montes y llanos, hasta llegar a Atlacomulco, donde podían vender su mercancía, llegaban a la casa de unos compadres del bisabuelo se acostumbraba dar asilo a los arrieros. Y como no darle posada a su compadre y su joven hijo, un Octubre, con fechas previas a todos Santos, El bisabuelo sale a Atlacomulco a vender carne de res, para comprar todo cuanto se necesitaba para la fiesta de Todos Santos, hacían como hasta la fecha se acostumbra en el pueblo, chicharrones de res, y habiéndole quedado suficientes, el bisabuelo no quiso volver a casa sin antes vender en su totalidad su mercancía, una madrugada le dijo al hijo, sabes?, deberás marcharte ahora que aún no amanece a la casa, a decirle a tu madre que me mande un chiquihuite de tortillas, aún tenemos bastantes chicharrones y las tortillas se nos terminaron.
A regañadientes el muchacho se fue a casa a darle el recado a la madre, al llegar, ésta le pregunta que, que había pasado, que donde estaba su padre, el le respondió, me mando por un poco de tortillas, porque todavía tiene bastantes chicharrones, y no tenemos para vender los tacos, pero yo no se las voy a llevar, que se las haga la vieja con la que se durmió anoche. La madre sin poder creer lo que escuchaba le pregunto aún aturdida, como?, con quien dices?, con la vieja que se quedo a dormir anoche, ella no le mando a su esposo lo encargado, el hijo ya no fue donde su padre, muy entrada la noche el padre llegó a casa, sin haber terminado de vender, guardo los aparejo y arreos de su caballo, y todo cuanto llevaba de la plaza, antes de pedir de cenar, le pregunto a su esposa, que paso? porque no me mandaste las tortillas que te mande pedir con nuestro hijo? Tuve que regresar con lo que me quedo de carne, lo estuve esperando todo el día. Su esposa le dijo; pues se las hubieras pedido a la mujer con la que te dormiste, anoche porque tengo que hacerlas yo?, el hombre se quedo paralizado por la grave acusación de que era objeto, como? de que mujer me hablas? que dices?, si, tu hijo me dijo que anoche te quedaste a dormir con una mujer, por eso no te mande las tortillas, y el en el límite de su paciencia le dijo: Como crees eso!!!, nos quedamos, como siempre, en la casa de nuestros compadres!, como se te ocurre, a ver, que venga nuestro hijo ahora mismo, que te lo diga frente a mi, y uniendo la voz a la palabra le grito al hijo, este llego parándose frente a sus padres, =le dijiste a tu madre que anoche me dormí con una mujer!=, quiero que me digas ahora mismo si es verdad o mentira, el muchacho solo agacho la cabeza, no dijo nada, había mentido, el padre lo tomo del brazo, le dio de cintarazos, y pasando una soga en un morillo, le puso la punta de la cuerda en el cuello al hijo, y colgándolo le dijo, lo que has hecho no es correcto, como es posible que levantes un falso a tu padre, esto no te lo puedo perdonar, la madre le pedía a gritos que perdonara al hijo, que no se comprometiera, otro de sus hijos, Raimundo, poniéndose de rodillas ante su padre le pidió que dejara vivir a su hermano, que desquitara en él su coraje, pero que no lo ahorcara.
El padre exhausto y aterrorizado por lo que iba a hacer soltó la cuerda, el hijo cayó al piso casi al punto de la asfixia, en el momento  en que con profundo dolor y tristeza, el padre le decía a su esposa, aquí tienes a tu hijo, te lo dejo como tu lo pides, pero te vas a arrepentir de haberlo defendido, nunca será un buen hijo, ya te verás entre los tribunales por su causa, será un bandido, un revoltoso, matón, un ser despreciable, mas valía y mejor se hubiera muerto. Nunca se hubiera imaginado la madre y el hermano lo caro que pagarían haber evitado esa tragedia.
El bisabuelo murió un poco tiempo después, dejando a su esposa e hijos en la orfandad. Y sin saberlo, con un estigma en su familia.
 
Porque tal fue el vaticinio de su esposo, o maldición tal vez? Honrar al padre y a la madre, un Mandamiento que no se cumplió, y que a lo largo de años, muchos años aún, muchas personas vivieron y sufrieron las consecuencias.
Raymundo, (El hijo que defendió a su hermano, de la furia de su padre), mi verdadero abuelo, el padre de mi madre, y esposo de mi abuela Mashi. Una historia por demás maravillosa y triste, que merece una mención especial, y así será.

 
El dolor de ver muerto a su hijo a manos de su otro hijo, la cambió por siempre, sin embargo, no hizo nada, no había quien pudiera ni demostrar ni acusar que su hijo mayor, fue el causante indirecto de esa desgracia. Ella misma le tenía miedo.

 

La hija mayor de mis bisabuelos, La tía abuela Petra, murió relativamente joven, al dar a luz a su única hija, Emma. quedando al cuidado de su abuela, al crecer lo suficiente, se marcho a la Ciudad de México, a trabajar de sirvienta, de suerte que al casarse se fue a Estados Unidos, no volvió más, hasta muy grande de edad, solo para que sus hijos y esposo, supieran de donde era, es como los elefantes, antes de morir, vuelven al lugar donde nacieron, solo que Emma, no se quedó, no tenia a que, no tenía donde, lo que habría sido de ella, por herencia, lo perdió por haberse marchado del pueblo, a cambio de ello, ha tenido una vida plena, feliz y longeva.


 
Felipa!

La tia abuela que según decía mamá Mashi, era muy hermosa, delgada, alta, de pelo chino, piel blanca y facciones muy finas, de un carácter muy alegre, quería, como toda mujer, en ese tiempo, ser feliz al lado de un buen hombre.

En los albores de 1930, se enamoro de un chico de buena familia, ella no le comento nada a su madre, para que a su vez ella no le dijera nada a su hijo mayor, Felipa temía que la relación que ella había comenzado con un hombre de otro pueblo, fuera motivo para que le prohibieran continuar viendo a su novio.

La confidente de Felipa era mi abuela Mashi, de hecho Felipa, muchas veces se iba a quedar a dormir a casa de su cuñada y hermano, eran aproximadamente de la misma edad su cuñada (Mi abuela) y ella, . A Felipa le gustaba estar en casa de su cuñada y hermano, les ayudaba con los animales de la casa, bordaban, hacían encaje con agujas, mi abuela estaba relativamente recién casada, salían a recolectar capulines, ciruelas, o fruta de temporada, duraznos, peras, hacían ates de las frutas de temporada, se iban a las fiestas de los pueblos cercanos, siempre a caballo, no había ni remotamente un vehículo de motor, en uno de esos viajes, se quedaron a un baile, y ahí fue donde Felipa conoció al que sería su único novio. Cuando el muchacho decidió pedirla en matrimonio, ella lo comento con su madre, ya tenía parte de su ajuar, se tenía por costumbre, llevar a su nuevo hogar, Carpetitas tejidas, sabanas y fundas bordadas, toallas también bordadas, manteles y servilletas, bordadas y deshiladas, toda una exquisitez de manualidades, lo había preparado con esmero estando al lado de su hermano y cuñada.

Felipa se iba a trabajar a la Ciudad de México, para llegar a la gran Capital, tenían que viajar por tren de Atlacomulco a la Ciudad de México, y de regreso de la ciudad, llegaban a Atlacomulco, cuando se había puesto de acuerdo con su novio para que fueran a pedir su mano y poner una fecha para casarse, ella mando un recado, que la fueran a recoger a la estación del tren. No habiendo un peón a quien mandar, el hermano se ofreció ir por ella, ensillo su caballo y fue al encuentro de su hermana, al llegar a la estación ató en la anca del caballo el poco equipaje que la hermana llevaba, a ella la subió a la cabeza de la silla, así iban de camino a casa atravesaron los llanos y montes después del Rincón, en pleno monte, el se atrevió a tocarle en los senos a su hermana, ella se dejo caer del caballo, sin entender que era lo que pasaba, el le dijo que ella le gustaba, y que la haría suya, que de ninguna manera permitiría que se casara con el hombre que la iría a pedir, que antes lo mataría, ella comenzó a correr entre los árboles, el a pesar de ir a caballo, no la encontró, se había dejado caer entre unas matas de zacatón, viendo que el la buscaba y le gritaba que saliera de donde estaba, amenazándola que de encontrarla lo lamentaría. Pasaron horas y ella no salió de su escondite, el regresó a casa, su madre le pregunto por su hermana, el solo dijo, no llego, a lo mejor, llega otro día. Entrando la noche, Felipa comienza a bajar del monte, con la ropa rasgada por las ramas de los árboles, llegando a casa de Mashi, su cuñada, la viuda de su hermano Raymundo, le platico a ella lo que había pasado, que le dejara quedarse en su casa unos días, que no quería ir donde su madre, que no quería decirle nada, evitándole así una pena más.

Dos días después, salió de casa de su cuñada, y a caballo llego a Acambay, bajo del caballo, caminando llego a un negocio donde compro algo que puso en la bolsa de su vestido, llego a casa al atardecer, a la hora de la merienda se puso a platicar con su cuñada, de cosas triviales, antes de ir a dormir. A la mañana siguiente, tomo un jarrito de barro, le puso agua de la castaña y vacío el contenido de un envoltorio en el jarrito, lo bebió y aventó el jarrito, rompiéndolo.

Desayuno con su cuñada, haciendo un esfuerzo para comer al menos unos bocados. Terminando el desayuno le dijo a su cuñada, perdóname Mashi, por favor perdóname! De que tengo que perdonarte? que me has hecho? anda, no digas tonterías, ponte a almorzar, y se puso a llorar, volviendo a pedir perdón, Perdóname, tome un jarrito y se me rompió, anda loca, ya sabes que eso no importa, esto es tuyo también, y si se rompen todos no pasa nada, anda, come algo.

Rompiendo en llanto, alarmo a su cuñada, que pasa? porque lloras? Que tienes?, agachándose, Felipa rompió en llanto, y en un susurro volvió a pedir perdón, Mashi le preguntó, que hiciste?, que has hecho?, dímelo. Ella hecha un mar de lágrimas, le dijo que había tomado veneno, el llanto no la dejaba hablar, ya mas calmada, le dijo, tome permanganato, es que solo quería morir, Mashi alarmada fue por su suegra y le dijo lo que estaba pasando, de inmediato mandaron a caballo por un médico, a Atlacomulco, él, al saber qué había tomado, les dijo que no había nada que hacer, que iba a morir, que su agonía sería larga y dolorosa.

Y así fué, solo que el intenso dolor que sufría no lo decía a nadie más que a Mashi, Decidió quedarse a vivir en casa de Mashi. Arrepentida de haber hecho algo tan grave, lloraba, once días sufrió los terribles dolores que le desgarraban por dentro, un día antes de morir, le dijo a Mashi, ven, siéntate aquí, te voy a decir algo; Anoche soñé unos géneros (Telas) de muchos colores, sabes lo que significa soñar telas de colores Mashi?, no, no lo se Felipa, no se nada de sueños, Pues mira mashi, significa que alguien se va o alguien llega a casa, tal vez ya me voy a morir, o a lo mejor pronto vamos a tener visitas. Al siguiente día murió, coincidencia?, dos días después de su fallecimiento, llegaron a vivir un tiempo a casa, los padrinos de la boda de Mashi.
 
 
 
Una vez más, la bisabuela Juana, perdía un ser tan amado, una parte de ella, una hija, por no saber o tener el coraje de enfrentar a un hijo voluntarioso que se creía dueño de vidas, y que podía tratar a la gente con la punta del pie, un hijo que no conoció limites en ningún tiempo ni ámbito de su vida.




lunes, 11 de noviembre de 2013







 

 
Cuando eres niña o niño, no importa el género, la vida simplemente no existe, es despertar sin la más mínima preocupación de nada!!!, no piensas en mañana o dentro de unos días meses o años, simplemente la palabra vida, no está en nuestro diccionario.

Solo es despertar al nuevo día, alimentarte y jugar, eso de ir al colegio no esta en los planes personales, entonces los días son enormes, aún así, no alcanzan!!

Era esperar a que llegara Nicolás, ...............Nicolás el hombre de confianza de mis abuelos y mi madre, el hombre que hizo las veces de un abuelo, (Ah! Nicolás, recordarte es vivir nuevamente un cúmulo enorme de emociones, que amenazan romper mi corazón), Cuando nos levantábamos, por temprano que fuera, el ya había cumplido con parte de su labor, ir a raspar los magueyes, caminaba por las veredas bordeadas de magueyes y árboles de tejocotes, jaras y tepozanes, para recolectar el aguamiel que se transformaría en fermentada bebida con olor fuerte, de color blanco como leche y espumosa, al llegar al punto de fermentación precisa para beber. Traer el acocote el raspador, y el aguamiel en un cántaro y en un jarro de barro, imágenes ,recuerdos maravillosos.

En el pasillo, donde estaba la escalera de acceso al tapanco, había un área donde estaban unas castañas de barro que contenían el pulque o aguamiel fermentando, tapadas con una tela delgadita, a un lado, colgado un cedazo, con él, Nicolás colaba el aguamiel, sobre el pulque que había en las castañas, quedaba un olor a verdor, a dulce, que impregnaba el lugar, sobre las castañas, había unas maderas a modo de alacenas, había botellas con miel de abeja, ya cristalizada, chocolate, jarros de barro con crema de vaca, quesos, y jocoque, botellas con anís y mosquito de Toluca, latas con manteca de cerdo, lonchas de tocino, y longanizas, las fusiones de olores eran un reto a la imaginación y a mi estomaguito.

Después de almorzar, Nicolás traía los caballos para ensillarlos y/o prepararlos para cargar los costales de maíz de las cosechas, se iban a las parcelas, para cosechar, a la casa no había acceso para que llegara un vehículo de motor, toda la cosecha se acarreaba a lomo de caballos o burros, había suficientes peones y animales para esa tarea, las mujeres de los peones les llevaban de comer al campo, recuerdo una de las veces que fui con alguien de ellos, era fascinante viajar a caballo, en burro no, un día me tiro uno y ay! como duelen esos golpes, prefería un caballo, llegamos con la comida, a las parcelas todos los peones salieron de entre los surcos, se sentaron a orillas de la parcela y a comer se ha dicho!.

Con tiempo habían hecho una fogata con boñigas, aunque las tortillas estaba calientes, había quienes las preferían mas calientes o tostaditas, yo comí con ellos, tortillas calentadas con boñigas, solo les sacudían la ceniza a las tortillas y hacían tacos o comían de sus platos, yo quería un taco de "cuñadas" un quelite delicioso que se da solo entre las milpas cuando el maíz esta a punto de ser cosechado, ponían "cuñadas" en la tortilla con sal de "grano" y queso, con trabajos mis dos manitas podían agarrar el taco que me hicieron, y a la hora que quise beber algo, zas! había solo pulque, la bebida por excelencia de los peones, Claro! yo quería pulque, pero nadie me dio, era la niña, y debían cuidarme de esos "excesos", alguien fue a casa en un caballo a traer atole para mi, es un día de los muchos especiales que tengo en mente.

Nicolás hablaba un poco el Español y dos dialectos, otomí y Mazahua, me gastaba los cuadernos tratando de aprender a escribir y hablar, aunque fuera un poco de alguno de sus dialectos, me arrobaba verlo y escucharlo hablar así, pero nada, solo aprendí alguna que otra mala palabra, el me decía en otomí: Natz ´ala Datz´indi´Ya j´andé: "Niña bonita, cuanto te quiero yo".

Crecer implicó tener responsabilidades propias de cada etapa, ir por agua al manantial de la barranca, por la leche en casa de don Pedro o Chencho, su hijo, cortábamos una pajilla del trigo, y chupábamos en los cantaritos en donde llevábamos la leche. cuando no se hacía queso en casa, lo llevábamos de doña Cayetana.

El queso en casa, se preparaba de manera artesanal, antes de ponerlos en los aros, que eran los moldes para hacerlos de diferentes medidas se molía la "cuajada". (La cuajada es la parte caseosa y crasa de la leche, que por la acción del calor o de un cuajo se separa, formando una masa propia para hacer queso o requesón). Se supone que yo andaba por todos lados de la casa, (Tenía aproximadamente dos años y medio), entonces me encantaba estar junto al metate, eso me cuentan, cuando alguna de las mujeres de los peones o mi abuela molían el queso, debí comer tal cantidad "de cuajada" que enferme tanto que casi me cuesta la vida.

El abuelo Merced, mi abuelo materno, el hombre que en muchos aspectos fue mi guía, mi ejemplo, y ese ser que de alguna manera lleno el vacío que un padre dejo, el hombre que sin tener porque, y porque no sabía como, no era el mas amoroso, y como serlo si lo único que recibió de niño, fue desprecio odio y malos tratos, si, porque vivió al margen de dos matrimonios de su madre, uno anterior, del cual tuvo hermanos mayores y que en los albores de 1900 no era aceptado que una mujer tuviera un hijo de un hombre casado, y otro matrimonio con hijos que tampoco eran del todo sus hermanos, aunque el los quisiera a todos por igual.

A casa iba el tío Jesús, hermano del abuelo, los abuelos tenían una pequeña tienda en la casa, en las noches mientras mi abuela nos daba de merendar, el abuelo y su hermano, se ponían a jugar a las cartas, a veces, el tío Jesús me sentaba en una de sus piernas y me hacia cantarle una canción (La bala pele) La bala perdida, a cambio de una moneda, (e invariablemente me cantaba una canción, recuerdo que decía: Oyes Lupita, dicen que ya no me quieres, será por los cuentos que te han venido a contar. Me encantaba verlo cantarme)

Lo recuerdo relativamente joven, bien parecido, montaba a caballo Era muy niña, pero siempre tenia las orejas puestas, y me enteraba de cosas que los adultos querían ocultar a los niños, así dictaban las buenas costumbres. Los niños no debían involucrarse en asuntos de adultos.

Hacía unos años que en una trifulca, entre los ejidatarios y los dueños de los ranchos, al tío Jesús le dieron un golpe en la cabeza con una hacha, le abrieron el cráneo, la tía Angelina, hermana de Jesús, se encargo de su recuperación, le tuvieron que poner al tío una placa de platino en la cabeza, desde entonces su vida no fue igual, en todos los ámbitos de la vida, la suya cambio radicalmente, tenia prohibido montar a caballo, correr, caminar muy rápido, amén de hacer su vida en pareja. Lo que provocaba que su vida familiar fuera una constante discusión, desilusión y fracaso como hombre, padre y esposo. Un día, alguien llego a casa con la noticia: El tío Jesús se había quitado la vida. No soportó llevar un remedo de vida.

Será que los amores trágicos son karmas? que pasan de generación en generación?, maldiciones tal vez?

Mis bisabuelas, ambas se llamaban Juanas, La madre de mi abuelo era Juana (Carmona), a secas, la madre de mi Abuela, era mamá Juana (Sánchez), En las últimas décadas de 1800 La bisabuela Juana Carmona y su primo hermano, Hipólito Carmona, se enamoraron Huyendo de su pueblo natal (Carmona), para casarse en otra comunidad. Toda vez que las familias de ambos, preferían verlos o saberlos muertos antes de aceptar la enorme deshonra y la maldición que pesaría en ellos, por tener una relación incestuosa.

De esta unión nacieron; Ramón, Petra, Raymundo, Silvestre y Felipa. Hubo otro hijo que no sobrevivió.

El tío R..., el hijo mayor de mis bisabuelos maternos, vivía cerca de la casa, colindando con el patio donde jugábamos de niños en la casa de mamá mashi, un hombre delgado, alto, desde que lo recuerdo, con el pelo muy canoso, un hombre con mucho carácter, de voz profunda y mirada de águila, un hombre .........................................que indirectamente y a veces con toda la alevosía, marco para siempre la vida de sus padres, hermanos, y mis abuelos.

Mi tía abuela Petra, murió relativamente joven, al dar a luz a su única hija, Emma.

Raymundo, mi verdadero abuelo, el padre de mi madre, y esposo de mi abuela Mashi. Una historia por demás maravillosa y triste, que merece una mención especial, y así será.

Silvestre!, un jovencito que tuvo una muerte demasiado prematura. Y a manos de su hermano mayor. Este niño cuidaba los animales de la casa, vacas, borregos, toros, los animales abrevaban generalmente en los pantanos del rancho Petigá, un fatídico día, Silvestre llevo a pastar a los animales a otra área del rancho, lejos de los pantanos, y de camino a casa, los animales corrieron hacia la represa de un señor que no permitía que ningún animal ajeno a los suyos, abrevara en su propiedad, el jovencito no pudo evitar que los sedientos animales llegaran al bordo antes que el. Con los animales bebiendo agua, fue poco menos que imposible sacarlos de ahí, el dueño del abrevadero, sumamente molesto, amenazo al niño con acusarlo con su hermano mayor, y así fue, el hombre llego a donde el hermano mayor jugaba cartas y bebía pulque, un tanto ebrio y muy molesto, recibió la queja y sin más, monto su caballo y hecho a correr hacia donde Silvestre batallaba para arrear los animales a su casa.

Llego Ramón, y comenzó a azotar a Silvestre, el chico corrió camino arriba, tratando de llegar a su casa para que su madre lo defendiera, pero el iba corriendo a pié, y su hermano a caballo, cansado, espantado, y golpeado, gritando a su madre, el niño trato de entrar a su casa, salió la madre y por más súplicas y gritos que le dio a su hijo mayor, éste no dejó de golpearlo, hasta que se canso, la madre ayudo a su hijito a levantarse, curo sus heridas, pero nunca mejoró, días después, Silvestre murió..........................................

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 

lunes, 15 de julio de 2013

 
 
 
Nunca dije a nadie sobre haber visto a la cigüeña, me dio miedo, hasta mas grande, y aún lo podía jurar.
Claro, me enteré que no era ningún pajarraco, era doña Lucina, la matrona, vivía en un lugar llamado El Rincón.
Ella ayudo a mi madre en el parto al nacer mi hermanita, Ya tenía dos hermanos, Paco y Edith, y claro, también estaba, Araceli, mi prima con quien crecimos, hija de mi tía Imelda, la hermana mas chica de mi madre, mi tía dejo a su niña al cuidado de mis abuelos, se caso con un chico de la Cd, de México, hizo su vida y mis abuelos registraron como hija a su nieta. Paco y Aracely, eran aproximadamente de la misma edad, más chicos que yo, hacían la mancuerna perfecta para jugar, la pareja ideal, jugaban a la comidita, y la casita, mamá Mashi, le pidió a su padre, el Bisabuelo Juan, que hiciera una palapa, en el patio trasero de la casa, para que jugáramos y no molestáramos a los mayores, había mucho trabajo en casa, las cosechas, los animales, los caballos, todos los arreos de los caballos, se sembraba en las laderas de los cerros, los arados eran especiales, de madera, a diferencia de los arados de fierro que eran para otro  tipo de terreno.
 
Al patio trasero se le llamaba el respaldo, toda vez que el sol daba de lleno en las tarde, y se conservaba calientito el lugar, ahí era el lugar de juegos de Paco y Cheli, era la parejita a quienes les decían "Pedrito y Cayetana", como los viejecitos que vivían por las barrancas.
Teníamos  muñecos, trastes, y todo lo necesario para no salir de ahí en horas, nos llevaban comida para que jugáramos a las comiditas, pero..............a mi no me gustaba jugar así, yo no encajaba, no tenía pareja, entonces me iba de ahí, me subía en un árbol, un tepozán que había cerca del pozo de la basura, cosa que me prohibieron mas rápido que veloz, porque era muy peligroso que estuviera ahí, no se como fui a dar con Don Mashi, el carpintero que siempre estaba ahí, en casa, trabajando en un tronco de madera, así lo veía yo, un tronco de madera, del cual sacaba con una garlopa, "chinitos" de madera, y ahí me pasaba mucho rato, jugando con sus herramientas, creo que le daba muchas molestias, un día me subió en el extremo del madero, y comenzó a enseñarme La Guadalupana, de cabo a rabo, TODA, Cuando la aprendí, se lo dije a mi madre y abuela, grave error, cada vez que había una visita en casa, yo era el centro de atención, me hacían cantarla TODA.
 
Así cada día, Paco y Cheli jugando y yo descubriendo cosas nuevas, extraordinarias, de suerte que nunca me descubrieron y el carpintero era mi cómplice, un día descubrí el tesoro mas valioso que podría imaginarme, no tenia con quien jugar, era muy curiosa, inquieta o metiche, no se, tal vez todo eso y más.
Había un pasillo para subir al tapanco de una área de la casa, se subía por una escalerita bien delgadita, era un tronco de árbol, apenas adaptada con escalones que le hicieron sacándole  al tronco trocitos de madera, justo para que cupiera la mitad de un pie, así se subían a guardar el maíz y todo lo necesario al terrado, o tapanco, yo me subía, con riesgo de resbalar y caerme, había de levantar una tapa de madera, que tenia unas armellas, yo no podía abrir esa tapa, tenia que esperar que alguien la abriera y así la dejara, yo aprovechaba a subir, y por Dios, que susto para bajar, no veía el primer escalón, tenia que adivinar y buscar con el pie, o poner poco a poco el piecito, hasta encontrar el primer hueco de la escalera, toda una aventura, pero eso no me detenía, un día subí, y camine todo el tapanco, hasta llegar a un tapanco de un cuarto mas pequeño, ahí había algo increíble, dos velices, de lámina pintados de florecitas diminutas, me latía el corazón de la ansiedad por abrirlos, y el miedo de que me descubrieran, ¡¡segura tunda!!.
Abrí un veliz y mi corazón brincaba de alegría, entre muchas cosas, había unas hojas de papel amarillento por el tiempo, unos frasquitos cuadrados con un líquido de diferentes colores, azul morado, verde, sepia, rojo y una especie de lápices raros, como pude, baje todo eso y lo lleve a Don Mashi, pobre hombre, casi se desmaya, ¡cómo me había atrevido a tomar eso que quien sabe de quien era!, iba a llevarme con mis abuelos o con mi madre!! con todo y la prueba de mi delito, y lloré, le dije que me iban a pegar, que ya no lo volvería a hacer, que iba a dejar todo en su lugar, ¡mentira mas grande!, nunca lo hice, no lo cumplí, no podía hacerlo, antes bien, no se como lo convencí para que me enseñara a usar los palitos y los líquidos esos, eran frasquitos con tinta china, y los palitos, eran Manguillos, en la punta tenían una laminita donde escurría la tinta, a la mitad, los manguillos tenían una palanquita, con la cual se jalaba la tinta, para poder escribir, mis primeros trazos de caligrafía, me los enseño Don Mashi, también encontré una revista viejita, de Selecciones, Don Mashi me enseño a leer un poco, cuanto tiempo convivía con el? no lo se, solo se me hizo la costumbre mas arraigada correr hasta donde el trabajaba, pero antes de entrar a donde el trabajaba, me metía al pajar, a darme una revolcada en la paja, no importaba que los caballos estuvieran comiendo en el pesebre, y las trenzas se me llenaran de paja.
 
Un día, la última vez que jugué con ellos, "hicimos" la comidita, después de comer, nos fuimos a jugar entre unas matas de toronjil, que rico olor, había unas matas de alcatraces y unos arbolitos de duraznos, era un lugar bello, todo el lugar era lindo, hacían una camita, jugamos a que era la hora de dormir, como era una parejita, necesitaban una hijita, y los muñecos pasaron a segundo término, yo hice de hijita, nos acostamos y Cheli, me dio teta, ¡si!, se levanto el vestidito y me dio teta, recuerdo que........Le puse la piel tan roja, tan roja, casi morada, me dio tanto susto, que me fui corriendo de ahí, y nunca más volví a jugar a las comiditas, ni con ellos ni con nadie más.
 
No tener con quien jugar, me ayudo a aprender muchas cosas, tendría aproximadamente 5 o 6 años, aprendí a leer, a escribir antes de ir a la escuela, pero también trate de aprender cosas de "mucho mundo",  de mayores, mi madre fumaba de vez en cuando, a veces a mi me pedía que le llevara sus cigarrillos, siempre los tenía en una cómoda del comedor, una tarde, me pidió que le llevara sus cigarros y los cerillos, prendió su cigarro y me mando a guardarlos, me metí un cigarrillo en la bolsa del vestido y los cerillos, pase junto a ella, estaba sentada en el patio de la casa, Que cinismo el mío, había robado un cigarro, y todavía la retaba a descubrirme, pero no ella no lo imaginó.
Me fui un poco retirada de la casa, lo suficiente para poder ver el zaguán, por si alguien salía, con todo el estilo que la ocasión requería, me senté sobre una piedra grande, cruce las piernas, puse el cigarrillo entre mis deditos, y prendí el cerillo, con la mayor elegancia lo lleve a mi boca, jalé tan fuerte el humo del cigarrillo que todo me dio vueltas y se me puso oscuro, me desmaye, no supe que tiempo dure ahí, cuando "desperté" estaba tirada al lado de la piedra, con las uñas con tierra y el vestido revolcado de tierra, seguramente en mis ansias de respirar y no poder, arañe la tierra, solo me levante, me sacudí un poco la tierra húmeda que tenia, y me fui asustada a sentarme al lado de mi madre, estaba mareada, y con una sensación de culpa terrible.............. 
 
 
 

















domingo, 14 de julio de 2013


 
 
Como dejar aquí, la historia de mi vida, como comenzar a dejar fragmentos de mi, los pedacitos de mi, los he guardado en el lado oscuro de la luna, ahí donde nadie sabe ni puede llegar, no sin mi.
Un lugar, y algunas personas que marcaron mi vida, Mi Madre, mi Abuela, (mamá Mashi), El abuelo Merced, mi padre, un padre ausente, siempre ausente, Los trabajadores, Nicolás, Marcial, Juan Rana, Juan Cebolla, Margarita, la mujer de Juan Cebolla, María la esposa de Silvestre, Ibis, la mujer de Marcial, El carpintero Mashi, Modesta y su marido Ventura.
Y algunas personas mas, que de a poco nombraré aquí.
Mis primos y mejores amigos, mis compañeros de juegos y desventuras a veces.
Y ahí, en la orilla de la barranca, Don Pedro y Doña Cayetana, Los amables viejecitos quienes vivían al filo de las barrancas, los padres del Otro Silvestre, el marido de Raimunda, y Crecencio, (Chencho) el marido de Genoveva.
Mi Bisabuelo Juan Cuevas, quien murió a los 109 años, que aguante, cuantos  años andarse de novio por la vida, y vaya que si.
 
Que risas, como nos reímos los hijos de modesta y nosotros, jugando en la era, entre la paja que acababan de trillar, teníamos paja hasta en las pestañas y las trenzas, llenos todos de polvo de la cebada, Nicolás nos decía, Niños, que la abuela se va a enojar, sabíamos que no, que ella no nos diría nada, si acaso el abuelo, si se enteraba, nos daría un grito amenazador y listo, no pasaba de ahí.
 
marcar en la tierra un chancuaco, y ponernos un pedacito de una teja en el pie y brincar de a cojito para ponerla en otro sitio del chancuaco,  era un juego parecido al del avión, solo que era en el dialecto Otomí y de figura diferente, nos reuníamos ahí, en la era, todos, y todas las tardes, éramos todos, diez niños y niñas, jamás he visto tanta alegría junta, terminábamos rendidos, era que se anunciara la noche y todos a correr a nuestras casas, agotados, hambrientos, a prender los "aparatos" de petróleo para alumbrarnos y en algunos lugares velas de parafina, cenar en la cocina, sentados junto al fogón, o el brasero, al lado de los abuelos, las tías y mi madre.
Nos despertaba el ajetreo de los peones, la mañana fresca, fría, el olor de las tortillas recién hechas, el atole de masa, el sonido del metate al pasar la masa entre las dos piedras, acercarse al comal estaba prohibido, a las hornillas en la cocina, ni se diga.
Aún tengo en la memoria, el olor de las mañanas frescas, el olor de los montones de mazorcas de maíz de muchos colores, blanco, rojo, azul, amarillo, pinto.
los costales de trigo y cebada, como picaban las puntitas de los granitos de cebada, y los granos de la avena, todos, forraje para los caballos, la paja en el pajar, donde so, pretexto de buscar huevos de las gallinas, me subía, hasta tocar el techo, y rodarme hasta el piso, terminaba como alfiletero, de tanta paja en la ropa y pelo.
Solo recordar, solo eso queda, el corredor de la casa, una casa que ahora solo es el remedo, una corredor que se venia abajo de tantas macetas, de una variedad increíble de plantas, de geranios, y una buganvilia frondosa, siempre llena de  flores en color fiusha, pasábamos corriendo debajo de sus ramas y nos colgábamos de ellas, bajo esa buganvilia, vi a la cigüeña el día que nació mi hermana Edith, solo que no era una cigüeña blanca, era negra.
!Una cigüeña negra! Que imaginación, pero............Yo la vi.
 













Espero hacer de este espacio algo mágico, hermoso y lograr un ambiente propicio para escribir cosas bellas.

Y quien quiera venir a escribir o leer, se pase un buen momento.

Bienvenidos.